No alcanza ni para la versión 3.5 ni mucho menos para la 4.0. Continuando el letargo y agonía habituales llega el momento de honrar una nueva decepción, esta vez con un tono más simpático y amable junto a un toque de ironía y melancolía.
Lo curioso de cada decepción es que cada vez que una nueva ocurre, la decepción sobre ti mismo es dos, tres, cuatro... n-veces más. He aquí el toque irónico, una decepción debería estar llena de ira, rabia, odio por quien decepciona, por quien te traiciona, de pena y de romper vidrios, y ojalá de romper la cara de quien tanto te daña... pero quien más te daña eres tú, la máxima decepción eres tú, cuando eres capaz de observar tu estupidez de forma plena y llana, cual animal flaco y enrarecido que se te presenta como un buen amigo que aferra su mano a la tuya sin soltarte, acompañándote en cada instante, sobre todo en el momento en que miras la figura, el rostro y el demonio en los ojos de quien tanto te decepciona.
El desengaño es un sentimiento muy muy curioso, sin ser mago ni adivino, sabes con mucha antelación cuando llegará, pero no importa ¡No importa!. A veces la inocencia es capaz de triunfar por sobre la protección de tu propia esencia, deja de tener importancia tu propia importancia, deja de ser prioridad integridad física, psíquica y moral, la inocencia les gana. Quieres alargar el sufrimiento, romperlo en pequeños pedazos de dolor, para así poder unirlos a un poco de alegría y esperanza, porque piensas, tienes fe, y seguirás creyendo- y yo seguiré creyendo- en que vale la pena un segundo de alegría, paz, plenitud junto a una máscara, versus una vida llena de engaño, lágrimas amargas, y pena marcada con llagas en la piel.
Algunos no aprenden ni a patadas, yo aprenderé alguna vez... este no es el momento simplemente porque no quiero que sea mi momento.
Mi momento lo decido yo.
Mi inocencia seguirá reinando mis impulsos, sentimientos, pensamientos... ella dominará mi vida hasta el día en que decida dejarla de lado y convertirme en una persona triste de verdad... y por la eternidad.
1 comentario:
Soñar no mata, y en pedir no hay engaño. Hay que darle oportunidad a todo, aunque nada pareciera merecerla.
Indeed, lo que más duele de las decepciones es el castigo que uno mismo se proporciona. Lo que menos quieres escuchar es un "te lo dije", y aquello resuena en tu cabeza sin descanso, hasta que se pasa el dolor y crees haber aprendido tu lección.
Pero si quieres salir de la neutralidad de la burbuja tienes que salir de ella, asumiendo que encontrarás de todo ahí afuera. Arriesgarse, jugársela y dar oportunidades es la única manera de ganar algo.
Saludos ^^.
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