sábado, 21 de marzo de 2009

Equinoccio


¡Cielo estrellado y ciego! Maldito ingrato, por qué no has querido mirarme... quisiera saber por qué te dedicas a ignorarme con aires de desdén y matices irónicos ... ¡Que tus luceros bailen! Bien sabes que no me importa, sabes que aún no puedes controlarme. Que pasarán miles de miles de equinoccios para que logres lo que quieres de mi. Soy más escurridiza... ¿quién dijo que ser universo te da ventajas? Si eres tan grande y poderoso, ¿Por qué aún no puedes detenerme? Oh, te traiciona tu hermosura y enormidad tan majestuosa, tan admirable, tan laudable que no puedes encontrar a esa pequeña semillita que tanto te molestará si germina y sí que lo hará, pronto, muy pronto lo hará. Y cuando ocurra aquel sacro momento ya no podrás evitar cruzar tu mirada con la mía, no habrá lugar al que puedas huír, ya que tu eres todos los lugares y ninguno a la vez, y al final de los tiempos... ambos seremos igual de grandes.

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